domingo, 24 de febrero de 2013

DAVID GUZMÁN: LA OTRA CARA DEL DESCARO

David guzmán, casi un tormento para la sociedad, por lo menos para el que lo conoce. Ególatra de nacimiento. Ateo de tiempo completo. Amante de los gatos, las mujeres y de nada. Fiel sólo a sí mismo y a la coca cola. Hipocresía su mayor enemiga. 

Que si ¿liberalista o conservador? ¿De izquierda o de derecha? Él sólo está del lado que le conviene aunque arriba siempre está mejor.

Seguro de lo que dice aunque a veces no tenga claro lo que hace. Directo con sus pensamientos alarmantes y en ocasiones intimidantes. Loco por naturaleza, loco por el sexo.

Sexy, atlético, humilde, casi un Dios del Olimpo, así se describe él. Su mejor amigo: el sexo, su amante predilecto: el ocio. Su único pecado: ser perfecto. Su definición del sexo: una paja entre dos.
Realista hasta la muerte. 

Camaleónico empírico. Capaz de adaptarse a cualquier situación. De soltero es una mierda ennoviado, un poco menos. 

Su casa es su baticueva, su pedazo de tierra, el lugar para conocerse porque aun no sabe quién es. La familia, el peor invento creado, el caos, el fin del mundo, la destrucción de personalidad. Los malos de la película, los que siempre quieren decidir por él.

El mayor cambio, es seguir siendo él mismo. Un loco, un desquiciado, un demente, un humorista, simpático, gracioso, un sexopata empedernido porque sencillamente no se puede ignorar que el mundo necesita personas como él.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Tal vez usted


Alguien que pueda explicarme cómo pensar con la cabeza, como evadir el corazón para los que estamos acostumbrados a no vivir sin el. Aquellos que viven de la razón que me expliquen como vivir con cordura, díganme como no dejarme llevar por esos labios, cómo no hacerlos míos. Cómo no pararme frente a el y pretender que sus ojos no me invitan, mientras el mundo se reduce a un espacio entre él y yo.


Si lo ven, díganle que tengo la sensación de conocerlo de hace  siglos. que sólo pretendo fundirme en su piel, dejarle mi aróma en su cuerpo, quitarle el aliento, robarle sus besos, sus deliciosos besos, entrelazar mis dedos con los suyos y hacerme un destino a su lado.


Y aunque no sé si esto será perfecto, sólo quiero que me diga las palabras que siente que me debe decir. Que me mienta, que le creo. Que me abrace fuerte, muy fuerte. Que me de un motivo para morir de amor por él. Que me bese mientras se esfuma la noche y que me devuelva la razon, esa que ya me hizo perder.

lunes, 18 de febrero de 2013

Flaca regalame un hueso


Y bailar y bailar y tomar y tomar una cerveza tras otra, pero ella nunca engorda. ..Cada vez que escucho ésta canción siento que me la estuvieran dedicando. No sé si todas las flacas pensarán lo mismo. Tampoco me interesa que se les pasará por la mente a ellas, ni a ustedes, ni a nadie.

Todavía estoy ardida por el último que me dijo: ¡flaca regálame un hueso! ¿Tú qué, no comes? O de una profesora que cada vez que me ve siempre es con la misma frase consumidora que termino sintiendo que la piel me la pegara a las costillas con gota mágica y los ojos se me salieran de las cuencas y no precisamente de lo exprimida que me deja sino por las ganas de salir huyendo: Karin estas flaaaaaaaccaaaaaaaaaaaaaaaa… terminando de decirme esto me toca despedirme con una sonrisa fingida y un hasta pronto que preferiría fuera un hasta nunca. 

En realidad no es que éstas frases me enojen, simplemente me fastidian y me irrita tener que escuchar comentarios de personas ignorantes e imprudentes y otros no tan directos, aquellos comentarios que se hacen con los ojos, porque hay algo muy cierto, los ojos hablan por sí mismo o sino pregúntenle a las gordas, feas, desarregladas y algunas no tan gordas que veo cuando camino por los pasillos de la universidad, que no se si quieran tragarme como pastelito para rellenar sus ansiosas y grasientas panzas o para hacer falsas expresiones y comentarios con sus amiguitas de chismes criticando mi flacura y mi corta ropa.

Aun no comprendo el atrevimiento de la gente, tampoco lo entenderé ni me preocuparé por hacerlo. Y no es que yo quiera ser flaca o decidí serlo, podría comer hasta reventar y no pasaría nada. Simplemente me quedaré con mi teoría de que las flacas somos bastante privilegiadas, demostramos finura, elegancia y nos hacemos envidiar no precisamente por mujeres flacas subidas de peso sino por aquellas pocas de mente y bajo autoestima que se dejan influenciar por aquellos iconos de la moda y anoréxicas modelos que a final de cuentas terminan es creando basura ciudadana.

lunes, 4 de febrero de 2013

Alicia en el pais de mis fantasias


Me miró a los ojos fijamente y me dijo: si no lo quieres hacer… no importa, no pasa nada.

Aquellas palabras salieron de sus delicados labios sin titubeo y su mirada fue intimidante y maliciosa. Desde ese momento supe que quería utilizarme. Lo que ella no sabía es que meses antes ya la había deseado. En fotografías anhele su cuerpo junto al mío y en mis sueños le había hecho el amor un par de veces.

Alicia tenía un cuerpo de diosa. Su tez blanca leche hacían que mi lengua se viera tentada a recorrer sus partes mas cálidas y profundas. Sus pechos y sus nalgas no eran ni muy grandes ni tan pequeños. Eran exquisitamente perfectas para amoldarlas con mis manos y morderlas con mi boca. Y ni que decir de sus piernas y su abdomen tan firmes como sus palabras pero tan suaves y delicadas como sus besos.
Por instante me había quedado contemplando la voluptuosidad del paraíso que me disponía a explorar, mientras el cuerpo de Alicia que posaba desnudo sobre las cobijas se encontraba jadeante esperando una respuesta. 

Ella sabía que esa noche no iba a ser un fracaso. Su mirada fija reflejaba una mujer segura al igual que el roce de sus finos y delgados dedos que intentaban rasgar mis brazos. Su boca y su cuerpo eran tan tentadores que difícilmente podrían ser despreciados. Quizás la experiencia le había dado esa seguridad que muy pocas mujeres a su corta edad poseen.

Me acerqué sigilosamente, junté mis labios a los suyos y la besé con devoción al mismo tiempo que mis manos comenzaron a deslizarse por su cuello y por sus tetas. La acaricié tiernamente. Alicia era tan delicada que me daba miedo lastimarla pero su cara de ángel y gemidos de pervertida me obligaban a tratarla cada vez con menos sutileza. Así que mis manos comenzaron a apretarla cada vez más fuerte y con mis dientes mordisqueé sus finos labios; sus ojos se desorbitaron mientras que el movimiento cadencioso en sus caderas principiaba a acelerarse invitándome a contemplar su templo más preciado. En ese instante el sexo llamaba nuestros cuerpos.

Recorrí su cuello con mi lengua y humedecí sus tetas con mi aliento. Empapé su cuerpo con mi saliva y devoré su torso con mi boca. Acerqué dos dedos a su templo de Venus, caliente, húmedo, estrecho y delicadamente me dispuse a dilatarlo.

Alicia no paraba de danzar con sus caderas.  Se movía y se agitaba con más fuerza. Cada vez era más rápida y sus gemidos más intensos lo que me obligaba a que mis dedos fueran más veloces para poder sentir mi mano inundada de su liquido preciado.

Cuando sentí que Alicia estaba completamente mojada y mi mano empapada en su lubricidad, bajé rápido para beber el líquido hirviente que brotaba de sus labios. Metí mi lengua hasta lo más profundo y seguí masturbándola con mis dedos. Esta vez fueron tres los que entraron cuando noté en su rostro el goce por lo violento. Sujetó fuerte mi cabeza y la empujaba constantemente de adelante hacia atrás como si quisiera que me metiera dentro de ella. Alicia estaba delirando de placer.

Aquella noche complací todos sus deseos. Su sonrisa de satisfacción así lo dejaba ver. Una vez que termino de derramar en mis manos y en mi boca todo el licor humeante de su cuerpo, vi el cansancio  en sus suspiros, me acerqué  a su rostro y le deje un beso de buenas noches con sabor a su esencia. Me acosté a su lado y comencé a mirar cómo se dormía, con sus cabellos negros y largos que recubrían sus pechos, Alicia parecía un ángel otra vez.

Cuando sentí que se había quedado completamente dormida pasé mi brazo sobre su cintura y la abracé suavemente para no despertarla. Cerré mis ojos disponiéndome a dormir pero aquellas palabras de lo que había sucedido no dejaban de correr por mi mente: que extraño se siente estar con otra mujer.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflejo de Luna

Recuerdas cuando jugábamos a comernos la boca. Cuando tu lengua danzaba fogosamente con la mía al compás de la música que emanaba de nuestros cuerpos. Aquellos cuerpos ardientes y deseosos que temblaban y sudaban bajo el umbral de la noche. Y la brisa sacudía tus cabellos mientras en tus ojos se reflejaba el brillo de una luna menguante, casi esfumada, como tus besos, aquellos que una vez fueron solo míos.